Disfrutar los detalles del viaje – Savannah

Es muy importante ser consciente en todo momento de que solo tienes una vida y que cada momento que pasa es irrecuperable, a pesar de creer que tenemos mucho tiempo no es cierto. El tiempo es limitado y no quiero arrepentirme de no haber aprovechado mi vida.

En este viaje me propuse aprender a vivir cada momento, a no decir que no, a hablar y escuchar con todo el mundo que tenga algo que decir, a no tener miedo a los desconocido y a aprovechar cada oportunidad. Es un ejercicio complicado, pero realizable.

Algunos ejemplos de momentos que olvidaré pero que han enriquecido mi viaje:

  • Conversación en el tren desde Delray Beach (Florida) hacia Savannah (Georgia), un viaje de 12 horas, no están tan lejos las ciudades entre sí. En el tren se sentó un profesor de religión católica de un centro de Nueva York. Él de origen puertoriqueño hablaba tanto español como inglés. Se sienta a mi lado sin preguntar si está ocupado (no lo estaba) y me pregunta si creo en el Creacionismo. Nunca me habían preguntado tal barbaridad, para mi la respuesta ofende a la lógica. Aún así le digo que creo en el evolucionismo. Le gustó más esa respuesta, se mojó los labios y comenzó a sacar libros mientras exponía su teoría y comentaba los libros que sacaba, entre ellos una Biblia en dos idiomas, explicándome los beneficios de cada traducción y las diferencias con las traducciones posteriores). Fue un viaje maravilloso, especial y único. Algo irrepetible que supe apreciar.
  • La primera noche, venía decaído por mi mala experiencia en Delray Beach, llego a la estación y se les había olvidado recogerme, no tenía la dirección de la casa. La estación estaba vacía, pero había un televisor, estaba echando un partido de las World Series, uno de los mejores partidos de beisbol que he visto – el primero también-. Al rato recibo un mensaje con la contestación del que tenía que venir a recogerme, me dio la dirección y me dijo que cogiera un Uber. Llego a la casa, está con todos los muebles por medio, creía que se iba a volver a repetir la historia. Jonathan cogió mi mochila, que pesaba un montón y me llevó a la habitación principal de la casa, con una cama King Size toda para mi, con chimenea, baño privado… excepcional. Hablamos un rato y me invita a la casa que tiene en la isla, accedo gratamente. Me monto en su Masseratti descapotable, es una isla así que había que ir en barco. El barco es un barco que lo pilota él mismo, de unos 4 0 5 metros, el cielo está despejado, estamos a 50 millas de Savannah, se ven todas las estrellas, hace fresco. Enciende el motor y empezamos a navegar a oscuras, con la luz de la luna únicamente iluminando la travesía. Hasta llegar a la casa había que pasar por una especie de ría serpenteante rodeada de juncos. Miré al cielo, vi algunas estrellas fugaces, la Vía Láctea, la Luna. La casa espectacular, estaba agotado, cenamos comida mexicana y al día siguiente me enseñó la isla en un coche de golf.
  • Conversaciones con locales, hace un par de días fuimos a lo que Cate (vivía en esta casa hasta el día de hoy) llama Taco’s Tuesday. Vamos al Carlito’s, un restaurante mexicano en downtown que los martes tiene tacos a 1 dolar y a 2 dólares, normalmente cuestan entre 9 y 11 dólares. Conocí a su amigos con los que estudió en SCAD, todos sureños, con padres militares y creativos. Tuvimos conversaciones transcendentales, en Estados Unidos las comidas no se alargan mucho, lo principal es comer y hablar es secundario o casi negativo, pero esta comida duró 3 horas. Hablamos de política, armas, caimanes, de Savannah y muchos otros temas únicos que no se repetirán.

Es muy complicado darse cuenta de lo especial de cada momento, no desaproveches las oportunidades. Todo ocurre por alguna razón, estate positivo y no siempre trata de ayudar a los demás, la energía positiva te rodeará y disfrutarás de mejores experiencias.

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